Páginas vistas en total

20 de junio de 2016

Extraña Pandemia

FRAGMENTOS DE EXTRAÑA PANDEMIA

Montevideo, abril de 1959.

El viento nacido en las entrañas del Río de la Plata, silbaba entre las callejuelas de la Ciudad Vieja como ese chiflo característico de los ocultos afiladores de cuchillos: un sonido que termina deambulando como un vagabundo solitario y perdido del cual no se sabe de dónde viene ni hacia dónde va. De niño, cada vez que lo escuchaba, me preguntaba hasta dónde se oiría esa característica melodía de ocho nota; me ilusionaba pensar que el sonido era capaz de llegar tan lejos como para dar la vuelta al mundo y volver a escucharse una y otra vez, infinitamente, como si tuviese la capacidad de entrar en una órbita permanente alrededor de la tierra y descargar su melodía cada vez que pasaba por ese lugar ya determinado por el inicio. Incluso pensaba en la posibilidad de que el afilador había hecho sonar la melodía una sola vez en su vida y volvía al sitio cuando el sonido regresaba, de la misma manera en que lo hace el espectro latente de un viejo amor que nunca muere y que se vuelve a sentir sistemáticamente en el pecho al pensarlo. Ese sería un eventual secreto del afilador que compartía con el universo enigmático, y de las incógnitas que me rodeaban de niño, una incomprensión más...

...Las hojas muertas y descalabradas de los platanus se arrastraban por las veredas mojadas junto al repiqueteo de las campanas de la única iglesia que continuaba en funcionamiento: la Iglesia Matriz. Muy pronto sus campanas indefectiblemente dejarían de sonar como ya había ocurrido con el resto de las iglesias. Era cuestión de tiempo que el virus también arremetiera en contra del único campanero lúcido que quedaba en la ciudad. El campanario tenía los días contados. Un destino marcado, predecible e ineludible: enmudecer bajo la sombra de los grises nubarrones que azotaban las mentes de los habitantes que habían contraído el virus.
-¡Dichoso de aquel cristiano que pueda mantener in aetérnum en su mente el eco de las últimas campanadas! -me dijo el campanero la última vez que lo vi, frente a la iglesia, en el centro de la plaza que también llevaba su nombre.
Mientras me hablaba, el viento lo había envuelto con un remolino de hojas y el sol se colaba por las nubes que pasaban arrojando una sinuosa e intermitente luminosidad sobre él, como si fuese un llamado de advertencia de los dioses o teniendo una visión más apocalíptica, se podría entender como un reclamo de los demonios.
El extraño virus que había llegado con los primeros días del lluvioso mes de marzo había comenzado a atacar a las personas despojándolas poco a poco de sus recuerdos, de la misma manera en que el otoño deshoja a los árboles en su arremetída cíclica desde timpos inmemoriables...

...No tengo la certeza de si llegada la primavera, sincronizándose con los primeros brotes de los árboles, volveré a recuperar la capacidad de recordar a Clarice en mi pasado. Yo ansío que eso ocurra, porque a esta altura de la enfermedad, no tengo conocimiento más doloroso que el saber que ya me encuentro sumergido en la atroz desigualdad de unos momentos entre los que la extraño y otros en los que veo que la olvido...

...He ido dejando algunas notas para mis próximos días, aunque lo he hecho con la incertidumbre de si recordaré que son mías, de reconocer si es mi letra, de si podré ser capaz de conservar mi capacidad lectora y de comprensión. Así mismo, el ordenador también ha sido sujeto de un intento por preservar mis recuerdos. Lo he invadido de fotografías legando mi herencia sentimental a unas usinas virtuales que lo transforman todo en códigos binarios. Puede que llegado el momento, ni siquiera me reconozca en mis fotografías, como un perro que se mira al espejo y piensa que el reflejo corresponde a otro perro. Ya no sé qué pensar...

...Si al llegar la añorada primavera, no la recuerdo, tampoco la extrañaré, y eso será lo segundo peor que me pueda pasar luego de haber enfermado; aunque tampoco padeceré por ello, no me daré cuenta de que la he perdido. Tal vez, ya sin memoria, solamente sea mi corazón el que se estremezca ante su presencia. Seguramente, esa sea la única posibilidad de poder sentirla y, si Dios quiere, benevolencia mediante, pueda al menos aferrarme a ese sentimiento que será inexplicable, reduciéndose a un extraño amor entre dos autómatas...


23 de mayo de 2016

22 de mayo de 2016

Desde Lejos

Lejos están
aquellas ilusiones
de vida eterna
cuentos soñados
y cielos ganados

lejos están
los trinos en la mañana
de amores colmados
por cardenales, canarios y zorzales

lejos está
cuando los días
largos se hacían
y en la noches
en tu compañía
desvelado dormía

lejos está
el áspero camino recorrido
como astas de un viejo toro
toro de lidia
siempre embravecido

que cerca está
que mi vida
y que mi muerte
solas decidan
ese inexorable
y vacío destino

que cerca estoy
de quedar
anclado y varado
en fotografías sepia
y en tus memorias
como vida colorida

que cerca estoy
de encontrar la paz
justo en ese instante previo
antes del impoluto silencio

que cerca estoy
y de que tan lejos vengo

Marcelo Perrone

10 de mayo de 2016

Arco Iris de Cristal

Aquel arco iris era inalcanzable
de niños lo corríamos y le gritábamos
¡de tobogán te queremos usar!
y los grandes, en sus versos
sin su permiso
lo tomaban prestado
para poder amar

aquel arco iris era mío
sentía que me pertenecía
así
como el agua al río
como la centella a las riendas
como la luz al sol
como el trompo a la cuerda
como el amor a la luna

aquel arco iris paleta de colores
quimera de los monocromáticos
que en los días de lluvia
en el impávido cielo
alegremente se escurría
entre nubes de grises matices
y vientos del sur

aquel arco iris vestía
con los sueños de los testigos
con la codicia de los ilusos
incluso
con su reflejo
sólo en una gota
posada en una flor

aquel arco iris resiste
y en mí persiste
y lo sigo sintiendo mío
aunque hoy solo sea una ilusión
como bajarte con la mano la luna
y que mi nombre figure en tu voz

Marcelo Perrone

Siete Vidas

Un lunar que se aproxima a tu boca
como cometa que indica el camino
el momento en que mi labio te toca
me impregno de tu aroma felino

como la gata en celo del tejado
me encuentras a la luz de la luna
y bajo una farola de alumbrado
me diste placer como ninguna

la sensibilidad en un sentido
hace perceptible tu ronroneo
y me hace susurrarte al oído:
me vuelve loco tu contorneo

una veta mantengo encendida
y aunque un gato no es autor,
sé que tengo reservas de vida
y tranquilo me muero de amor.

Marcelo Perrone

Usted

¡Usted!
que me desnuda
el cuerpo y
que me viste
los sentimientos


¡usted!
que me tiene en vela
durante el día y

que me desvela
cada noche

¡usted!
que me atormenta
tan solo
con su ausencia

yo le pregunto
¿no tiene un poquito,
solo un poquito
de vergüenza?

Marcelo Perrone

Ella y Yo

Tropieza la noche
y atrás voy yo
caemos rendidos
caemos los dos
la noche
y yo
iguales
nos levantamos
prendidos
de sueños
y apoyados
el uno en otro
el otro en uno
la noche
y yo

ella
corriendo
al día
que se le escapa
siempre
yo
buscando
un amor
que no lo tuve
nunca
y los dos
toda una vida
detrás
siempre
sin acercarnos
nunca

Marcelo Perrone

13 de abril de 2016

Literalmente

Un foulard de besos de oro
vive perdido en su pelo
enredado en su perfume
viajando en un sueño otoñal

que la pinte Edward Hopper
con pinceles mágicos
y una balada para un loco
para su inspiración

con algo más de luz
que sino la ausencia le da frio
refugiada entre los marcos
que sino la brisa le estremece

y se perderían los mil susurros
con canciones de Edith Piaf
a medio vestir
a medio sentir

y a su búsqueda yo iría
en un caballo desbocado
leyendo Benedetti
Borges, García y Mistral

persiguiendo quimeras
su amor olvidado
y si dios me ayuda:
un nuevo tal vez

Marcelo Perrone

Tantas veces

En la compañía de tu gato
tus mil libros deberías leer,
para encontrar un solo relato
que describa tanto placer

nuestra risa en el ambiente
se funde con el eco del mar
 y con tus ojitos de repente
dices que me quieres besar

donde las olas han azotado
fuimos esclavos de besos
y por la puerta del costado
nos fugamos como presos

en un baño de media luna
una caracola rosa tornasola
en una canción qua acuna
canta Diana Krall, ella sola

para encontrarte a mi vera
cien veces debería de morir
y si de eso tu amor me libera                
esta historia vamos a escribir.

Marcelo Perrone

Mamá

Silenciosa belleza
sensibilidad absoluta
hablan mis manos, escuchan tus ojos
hablan tus labios, te escucha mi alma
Ven! Mira! Siente! me decías
te enseñaré a ver el mundo al revés
… y lo aprendí

verás el ruido de las olas
verás como cantan los pájaros
verás un trueno
verás la risa de un niño
verás el viento a través de los árboles
verás la vida como la escucho yo
… y la veo

palabras prisioneras
liberadas por un piano
la visión de tu condición
plasmada en tus manos
tu amor incondicional
resultó darme vida
… y la vivo.

Marcelo Perrone

Rincones

Cuartos para amar
Balcones para declarar
Umbrales para esperar
Patios para respirar
Salas para crear
Trasteros para recordar
Jardines para proyectar
Salones para jugar
Baños para llorar
Escaleras para progresar
Ventanas para soñar
Sótanos para olvidar
Puertas para suspirar
Altillos para anhelar

Marcelo Perrone

La vie en rose

Marquita en tus mejillas
que me seducen al reír
espérame en mis labios
me gustas! te voy a decir

historia con sabor infinito
de Alicante a St. Tropez
je vois la vie en rose!
y vos… ¿también la ves?

Monet, Degas y Cèzanne
te pintan sobre el camino
mi sueño lo hicieron real
¿será el azar o es destino?

como pájaro en libertad
que vuela, siente y sueña,
hasta mi último suspiro,
espero tenga dueña.

Marcelo Perrone

Nonni della mia vita

“Dos diente e´leche me costaste gordito
la soba de la vieja pero te tengo yo…”

Sonata de media tarde en días pasados
entre siestas, abrazos y sueños mezclados
las sienes en cenizas de ambos lados
iban siempre juntos, siempre abrazados

volvieron toda su ilusión en realidad
desde que gozaron la palabra libertad
contaron solo con dicha de voluntad
y todos los sueños, se volvieron verdad.

los cuentos, los aromas, los momentos…
cosas de las que nunca me voy a olvidar
mi vida la hicieron como de un cuento
una historia que a mi hija le voy a contar

… y cada vez que me acuerdo de ustedes, me voy recitando bien despacito:

“Fiesta en los charcos cuando para la lluvia
caracoles y ranas, y niños a jugar
el viento empuja, botecito de diario
lindo haberlo vivido para poderlo cantar...”

Marcelo Perrone

Retrospectiva

El quimérico es fiel devoto del azar
para encontrar a quien enamorar
y deja su huella en el camino
que le va señalando el destino

siguiendo siempre el mismo sueño
que le hizo tropezar y caer,
consigo mismo llegó a un convenio
de por nada dejarse vencer

sobre el vuelo de un pájaro atemporal
mira toda su vida en retrospectiva
y aunque los desplume un vendaval
ve que nunca estuvo tan lleno de vida

Marcelo Perrone